UNE: más nombre que nueva era
Martín Torrijos ha decidido volver al ruedo con UNE, Unidos para una Nueva Era, como si en política bastara cambiar la envoltura para renovar el producto.
Pero Panamá no sufre de escasez de siglas; su verdadero problema es el agotamiento de una clase dirigente que promete futuro con los mismos reflejos del pasado.
El lanzamiento pretende instalar la idea de una ruptura. No obstante, toda ruptura exige una prueba elemental: demostrar que se piensa, se organiza y se actúa de manera distinta. Hasta ahora, lo que asoma es más bien un ejercicio de reposicionamiento cuidadosamente empaquetado, con el habitual lenguaje de esperanza, inclusión y cambio que la política panameña ha convertido en mercancía de temporada.
U.N.E=P.R.D
Torrijos intenta ocupar el espacio del descontento ciudadano, un vacío real y creciente. Pero hay una diferencia entre recoger el malestar social y encarnarlo con legitimidad. La ciudadanía ya no se impresiona con discursos bien peinados ni con apelaciones genéricas al “nuevo comienzo”. Lo que exige es memoria, coherencia y, sobre todo, una limpieza visible respecto de las viejas prácticas que degradaron la confianza pública.
Si UNE nace sin una autocrítica seria, correrá el riesgo de convertirse en otra estructura donde el reciclaje político se disfraza de renovación moral. Y ese es precisamente el cinismo que la gente rechaza: líderes que denuncian el sistema mientras se benefician de sus códigos, sus vicios y sus atajos.
La “nueva era” que Panamá necesita no se construye con marketing político ni con nostalgia de apellidos conocidos. Se construye con claridad ética, con cuadros nuevos de verdad, con propuestas verificables y con una ruptura explícita con el oportunismo que ha vaciado a tantos partidos de contenido. Si UNE no entiende eso desde el principio, nacerá viejo.



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