América Latina frente a la encrucijada de geopolítica global: la alianza con Estados Unidos, los intereses de Trump y el nuevo desafío del programa de misiles de Irán
En una coyuntura de tensiones globales crecientes, América Latina se encuentra atrapada en un entramado cada vez más complejo de intereses estratégicos, seguridad global y rivalidad entre grandes potencias.
especial para el EL TABLERO507
LA DEFENSA IRANI AYER ANUNCIABA UNA SORPRESA PARA EL MUNDO
La reciente expansión de las capacidades misilísticas y de alcance global por parte de Irán —incluido el anuncio de un misil balístico intercontinental (ICBM) con pleno alcance a EE. UU y cualquier parte de la tierra, ha reconfigurado las prioridades geopolíticas y plantea preguntas profundas sobre las alianzas tradicionales en nuestra región y, sobre todo, sobre el papel que Estados Unidos y, particularmente, la administración de Donald Trump esperan que América Latina juegue en ese escenario. (armyrecognition.com)
1. El avance del programa de misiles iraní y sus implicaciones globales
Desde mediados de 2025, medios estatales iraníes y fuentes especializadas han difundido que Irán estaría cerca de poner en servicio un misil balístico intercontinental con un rango aproximado de 10 000 kilómetros, lo que teóricamente permitiría alcanzar Europa y partes del territorio continental de Estados Unidos desde suelo iraní. (armyrecognition.com)
Aunque estas declaraciones no han sido confirmadas de forma independiente, el solo anuncio representa un salto estratégico: de misiles de alcance regional —capaces de llegar a partes del Medio Oriente— a sistemas con alcance potencial global. (The Defense News)
Además, las capacidades duales de tecnologías de lanzamiento espacial y de ICBM, que se investigan en paralelo, son vistas por analistas occidentales como indicativas de una intención de potenciar capacidades estratégicas de largo alcance bajo el paraguas de “desarrollo espacial”. (Robert Lansing Institute)
La Guardia Revolucionaria iraní ha informado en enero de 2026 sobre un aumento notable de sus arsenales de misiles y una declaración de “total preparación de combate”, indicando que las capacidades dañadas en el reciente conflicto con Israel ya han sido restauradas y ampliadas. (Reuters)
Este contexto no solo intensifica la rivalidad entre Irán y Estados Unidos, sino que pone sobre la mesa la posibilidad de que la amenaza ya no sea solo regional, sino intercontinental. (RadioFreeEurope/RadioLiberty)
2. ¿Por qué preocupa esto a Estados Unidos y qué papel juega Donald Trump?
Para la administración estadounidense, una potencia estratégica con un claro enfoque en priorizar la seguridad nacional sobre compromisos multilaterales, el progreso de Irán en tecnologías de largo alcance es una amenaza directa al sistema de defensa estadounidense y a la estabilidad global.
Donald Trump, con una visión de política exterior enfocada en fortaleza militar, presión económica y alianzas condicionadas, ha convertido temas como la defensa y la amenaza de actores considerados “revisionistas” en pilares de su narrativa política interna y externa. Esto se ha traducido, entre otras cosas, en:
Reforzamiento de sanciones económicas y presión diplomática para frenar el desarrollo de misiles y el potencial armamentístico de adversarios como Irán.
Apoyo explícito a aliados como Israel, incluso ofreciendo respaldo militar frente a amenazas o escaladas en la región. (Eurasia Review)
Enfoque en capacidades de defensa y disuasión como ejes centrales de la seguridad nacional estadounidense, una línea que busca proyectar poder hacia alianzas y socios estratégicos.
En este marco, la expansión del programa misilístico iraní no solo es vista como una amenaza regional, sino como un factor de presión hacia Washington para justificar mayores inversiones en defensa, renovaciones de alianzas y un papel más asertivo de Estados Unidos en el tablero global.
3. América Latina: ¿aliados estratégicos o peones de un ajedrez global?
Aquí es donde se intersectan los intereses de Washington y la situación de América Latina. La región, históricamente considerada parte del “patio trasero” estratégico de Estados Unidos, ha sido llamada a asumir roles que muchas veces no reflejan sus propias prioridades de desarrollo social, económico o ambiental.
Cuando EE. UU. —bajo Trump o cualquier administración con una agenda similar— exige apoyo político o alineamiento automático con sus posturas sobre seguridad, defensa o sanciones, América Latina corre el riesgo de convertirse en un instrumento de políticas ajenas que:
Justifican mayor presencia militar estadounidense.
Amplían redes de defensa que no responden a las prioridades reales de la región.
Reforzan narrativas de “amenaza compartida” sin beneficios directos comprobables para los países latinoamericanos.
La discusión sobre Irán y sus misiles intercontinentales, entonces, se transforma en un argumento central para la política exterior estadounidense, que utiliza la percepción de amenaza para movilizar apoyo global. Esto puede traducirse en:
Mayores presiones sobre gobiernos latinoamericanos para respaldar sanciones multilaterales o coaliciones estratégicas lideradas por Estados Unidos.
Expectativas de participación política y diplomática que desvían recursos y atención de problemas locales urgentes, como la desigualdad, el cambio climático o la seguridad interna.
4. Riesgos concretos para la región
a. Dependencia estratégica condicionada
La relación con Washington no se da en términos de igualdad. Cuando Estados Unidos articula su política exterior bajo la premisa de amenazas globales (como un Irán con ICBM), los países latinoamericanos pueden sentirse obligados a apoyar medidas que no necesariamente les benefician, como:
Sanciones económicas que pueden afectar mercados y relaciones comerciales.
Alineamientos diplomáticos rígidos en foros multilaterales.
Concesiones geopolíticas para mantener el favor político o militar estadounidense.
b. Participación indirecta en confrontaciones que no son propias
América Latina podría verse presionada a declararse con respecto a conflictos ajenos, lo que puede polarizar la región internamente y arrastrar a países a posiciones que carecen de respaldo popular y estratégico claro.
c. Distracción de agendas regionales prioritarias
Mientras fuerzas externas compiten por influencia, problemas estructurales internos —pobreza, corrupción, debilidad institucional— quedan en segundo plano, con el riesgo de que la región se convierta en peón de disputas globales sin un retorno tangible para sus pueblos.
Conclusión: un dilema de soberanía y autonomía
La expansión del programa misilístico iraní, especialmente si continúa hacia capacidades intercontinentales, tensiona el orden global y reafirma que la seguridad nacional estadounidense siente cada movimiento distante como una amenaza potencial.
Sin embargo, América Latina debe decidir si su relación con Washington se basa en alianzas soberanas o en subordinación a los intereses estratégicos de potencias extranjeras. La administración de Donald Trump, con su énfasis en la fuerza, la disuasión y alianzas condicionadas, puede utilizar el contexto internacional —como la retórica del “peligro global” del programa misilístico iraní— para justificar políticas que no siempre tienen en cuenta las realidades latinoamericanas.
La pregunta para la región es entonces fundamental: ¿queremos ser aliados estratégicos con autonomía o aliados condicionados que sacrifican prioridades propias por intereses ajenos?
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